Píldora saludable 7: Psicología deportiva

Tiempo de correr. Tiempo para sentirnos.

Suena el despertador…son la 7 de la mañana. Tengo 30 minutos para arreglarme, desayunar y salir disparada hacia el trabajo”.” Son las 8:30, estoy en un atasco y tengo una cita a las 9h… seguro que llego tarde, porque aún me quedan 40 minutos de trayecto…”; “¡Llego en 5 minutos!”

Éstos son tan solo algunos ejemplos representativos de nuestro día a día. Tenemos un control total de nuestro tiempo, y vivimos en una sociedad completamente mediatizada por él.

Pero por fin llega NUESTRO MOMENTO. El momento del día que destinamos a correr. Sin embargo, paradójicamente, a menudo seguimos conectados al tiempo. Nos ponemos nuestro cronómetro y, ¡venga! a contar los minutos, segundos y décimas que tardamos en hacer nuestro entrenamiento. Si bien es cierto que el crono puede ser un buen aliado, también es cierto que cuando el tiempo no nos responde como queremos puede tener un efecto adverso y mermar nuestras ganas de seguir entrenando.

Muchas veces la actitud, las ganas, el empeño y el esfuerzo que ponemos a la hora de afrontar una sesión de entrenamiento son los elementos claves para mejorar, y conseguir superarnos cada día.

Existen métodos para poder valorar nuestra intensidad a través de una valoración perceptiva-subjetiva, como puede ser la escala RPE (del inglés, Rate Effort Perception; nivel de esfuerzo percibido) creada por Gunnar Borg.

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Tal y como se observa en la imagen, la escala RPE de Borg oscila entre valores de 6 y 20 (si los multiplicamos x 10 irían entre 60-200 que se corresponderían con el rango teórico de frecuencia cardíaca de nuestro organismo), donde un valor de 6 equivaldría a un esfuerzo mínimo, y un valor de 20 a un esfuerzo máximo.

A pesar que la escala RPE no nos aporta una información objetiva de la intensidad, ya que se basa en nuestra propia percepción, si presenta numerosas ventajas. Nos permite evaluar nuestro entrenamiento sin necesidad de estar “enganchados” al tiempo. Además, nos obliga a reflexionar acerca de nuestro propio esfuerzo, nuestro estado global después del entrenamiento, lo que nos permite conocernos mejor.

Incluso si la respondemos de manera previa a la sesión, nos puede ayudar a conocer nuestro estado físico-emocional para enfrentarnos al entrenamiento y ajustar su intensidad.

Eva Parrado – Doctora en psicología, especializada en deporte.